miércoles, 19 de enero de 2011

KRISHNAMURTI


KRISHNAMURTI Y LA EDUCACIÓN.

Por el Prof. P. Krishna

Ex-Rector del Centro de Educación de Rajghat, Fundación Krishnamurti de la India, Varanasi 221001, India.

Varias personas, tanto en India como en el extranjero, han expresado su interés por iniciar una “Escuela Krishnamurti” en su localidad. En vista de que Krishnaji no especificó ninguna técnica de educación particular, la pregunta surge, “¿Cuáles son los fundamentos de una Escuela Krishnamurti?”. No es fácil contestar a esa pregunta y uno necesita indagar más profundamente sobre esto. A través de este artículo quiero compartir algunos pensamientos con aquellos que sientan el interés en la educación. Para mi, una escuela Krishnamurti representa un experimento sobre la correcta forma de vivir, sin que nadie le dicte a otro lo que significa eso y sin aceptar ninguna fórmula, ninguna prescripción, ninguna autoridad que deba seguirse sin cuestionamiento. Significa vivir correctamente, no sólo aceptar la pregunta de alguien más y tratar de practicarla o repetirla. A menos de que aprendamos a vivir correctamente, no podemos enseñar a los niños a vivir correctamente; por tanto es nuestra primera y más alta responsabilidad averiguar lo que significa vivir correctamente. Uno puede aprender si uno empieza diciendo, “No lo sé pero voy a averiguarlo”. Entonces uno puede aprender junto con el estudiante – no meramente palabras fáciles como una manera de enseñar. Así que esa es la primera cosa – No tener nuestra mente llena de conclusiones, de respuestas, de certezas y no apegarse dando importancia excesiva a nuestra propia opinión, a nuestro punto de vista. Para dudar, hay que cuestionar y estar dispuestos a aprender todo el tiempo; nunca estar tan seguros de ni siquiera poder escuchar a otro o considerar un punto de vista diferente. Eso es estar receptivo y no sólo tolerante.

Nuestra vida tiene cuatro aspectos muy amplios – el físico, el intelectual, el emocional y el espiritual. La correcta forma de vivir demanda la excelencia en todos los aspectos, y un desarrollo saludable de todos ellos. Debemos por tanto crear un ambiente en la escuela que haga posible esto para el niño sin poner énfasis de más en un sólo aspecto. Porque tal educación pretende cubrir todos los aspectos de la vida y no solamente el intelectual, es deseable tener una escuela residencial, en el cual los maestros y los estudiantes vivan y trabajen juntos y tengan una interacción más amplia entre ellos.

El correcto desarrollo físico requiere del cuidado de la limpieza del cuerpo, el ejercicio, la comida correcta, el adecuado dormir y ocasionalmente medicina. Debemos enseñar a los niños a bañarse todos los días, ponerse ropa limpia, tener su cabello y uñas limpias, hacer ejercicio regular y no comer de más. El cuerpo debe conservarse ágil y alerta como un caballo de carreras para que no halla escasez de energía física. Los juegos y los deportes deben ser una parte integral de la vida escolar. Comida muy condimentada, el tabaco, el alcohol y otras cosas dañinas tanto a la salud mental como física deben por tanto evitarse. Debemos vivir en nuestro cuerpo como si se tratara de un huésped, cuidarlo, no ignorarlo o darle un mal trato y a la vez no apegarse demasiado a él.

La excelencia intelectual requiere de cultivar hábitos de lectura adecuados, crear interés en las materias académicas, insistiendo en una habilidad de nivel en cuanto al lenguaje, buena expresión, un conocimiento de los asuntos del día, un amor a la ciencia, a las matemáticas, la literatura, el arte y la poesía. Haciéndolo bien cuando se les haga exámenes los cuales deben ser subproducto del desarrollo intelectual del niño y no un fin en sí mismo. Debemos exponer al niño a todo tipo de investigaciones científicas y literarias y ayudarle a descubrir donde se encuentran sus propios intereses y talentos. Son esenciales para un desarrollo intelectual una buena biblioteca y el deseo de usarla. Los debates, las discusiones, los ensayos por escrito, las pláticas deben ser los medios regulares en la vida escolar.

El desarrollo emocional del niño requiere de una gran atención. El niño debe vivir en una atmósfera de cuidado y afecto para que se sienta seguro y esté libre de cualquier temor. El miedo es el mayor enemigo de toda inteligencia y creatividad. El niño debe sentirse libre de decirnos sus problemas y ansiedades sin temor a ser regañado o castigado, tal como estaría en un buen hogar. La conducta apropiada y orden deben respetarse, sin el uso del miedo o castigo y éste es el mayor reto para los educadores y los padres. Si tenemos que tomar el recurso del miedo y el castigo, representa nuestro fracaso, no un logro. Se debe ayudar al niño a entender sus sentimientos de temor, envidia, codicia, celos, enojo, insulto y violencia cuando se le llame la atención, pero sin mirarlo de arriba abajo y sin hacerlo sentir humillado. Para esto es necesario que nosotros, los maestros, entendamos las causas de estas emociones en nosotros mismos. Es precisamente esta falta de entendimiento adecuado de nuestro desarrollo lo que causa innumerables problemas de disciplina, rivalidad, inferioridad y odio a través de toda nuestra vida.

El desarrollo espiritual y cultural del niño incluye el amor a la naturaleza, a la música, al arte, la danza y el drama. Debemos ayudar a los niños a darse cuenta que somos parte de la naturaleza, de que los árboles y los animales son nuestros amigos, y no sólo para utilizarlos para nuestro disfrute. El sentimiento de respeto por toda la vida es una parte integral de una escuela Krishnamurti y requiere ser alimentado y cultivado en el niño con ternura. La sensibilidad a la belleza de la naturaleza, ríos, montañas, cielo y de la puesta del sol son tan esenciales como la sensibilidad del ser humano. Los niños los toman de nosotros naturalmente todo esto, sin que se les enseñe formalmente, si lo tenemos en nosotros mismos. Debemos tener en la escuela clubes de naturaleza, de drama y clases de entretenimiento para todo tipo de música, de danza y arte, donde el niño pueda cultivar estos intereses.

Por desgracia la ciencia y la religión están divorciados en nuestra vida diaria en la sociedad. Requieren ser integradas. La búsqueda de la verdad es la religión más importante y la búsqueda de la felicidad del espíritu en el hombre es la más grande espiritualidad. Estos no se encuentran en la oración o en los templos, son subproductos del conocimiento de uno mismo, como lo son el amor y la compasión. El temperamento científico debe ser parte de nuestra vida diaria y de la búsqueda de la espiritualidad. Debe haber tiempo para ser uno mismo, para experimentar el silencio, para la reflexión sobre el significado y el propósito de la vida. Mucha actividad no es sano para el desarrollo espiritual y uno no debe perderse únicamente en la actividad. No hay receta, no hay fórmula para lograr el equilibrio correcto entre los diferentes aspectos de nuestra vida. Es nuestra tarea encontrar ese equilibrio entre nosotros mismos y de allí descubrir cuál es el vivir correctamente. En efecto esta división de la vida en diferentes aspectos es artificial, hecha para la conveniencia de la discusión. En realidad, los aspectos físicos, intelectuales, emocionales y espirituales están interconectados y entretejidos en nuestra vida que constituyen un todo integrado e inseparable. No es posible vivir correctamente en un aspecto sin vivir correctamente en todos los demás.

Consideremos más profundamente esta cuestión de vivir correctamente. Uno no puede vivir correctamente a menos que uno se sienta correctamente. No es suficiente sólo pensar en “buenos” pensamientos. Eso sólo es hipocresía. Los pensamientos son cosas superficiales que pueden adquirirse de cualquier libro, memorizados y entonces repetidos. Lo que realmente somos es lo que hay en el fondo de nosotros, no en lo que pensamos. Cambiar nuestros pensamientos únicamente da un sentido de haber cambiado pero sin habernos transformado interiormente. Si uno es serio, uno necesita percatarse y evitar un autoengaño. La práctica de acciones definidas como “correctas” y pensamientos “correctos” (llamados virtudes) y la supresión de acciones “erróneas” y pensamientos “erróneos” (llamados vicios) han sido tratados por todas las religiones y por varias disciplinas y han fallado repetidamente para cambiar al hombre. Produce un conflicto entre lo que somos y lo que pensamos debería ser. Este conflicto nos desgasta, nos hace superior o inferior, nos da un sentido de logro o de fracaso, todo lo cual solamente refuerza nuestro ego. Nuestras mentes están condicionándose – constantemente juzgándonos y otros y pasando censuras en términos de nuestras propias fijaciones mentales.

Si uno ve eso claramente, entonces uno no trata de definir lo correcto o lo erróneo en términos de acciones o pensamientos sino en términos de la manera en que uno se siente. La misma acción puede ser correcta si nace del amor, de la compasión, del interés y puede ser erróneo si nace del egoísmo, del orgullo, del miedo y de otros aspectos de nuestro ego. Así nadie más puede decirte si es correcto o incorrecto. Por ejemplo, uno puede dedicarse a un estudio profundo de la física fuera del interés de la materia, para entender las leyes de la naturaleza y aprender cómo funcionan las cosas. También puede uno estudiarla con profundidad a fin de convertirse en un estudioso conocedor, para ganar aprecio, poder, posición, estatus, en la vida. La acción es la misma pero el sentimiento con el cual se hace es diferente. Donde quiera que haya una motivación detrás de cada acción, de cualquier esfuerzo que hacemos se centra en uno mismo, refuerza el ego y es por tanto, por definición erróneo. Los sentimientos que no emanan del ego y por tanto no lo fortalece son, por definición, lo correcto. Para discriminar entre dos se requiere de una conciencia profunda de uno mismo.

¿Habiendo definido lo correcto y lo erróneo de esta manera, podemos ahora averiguar cómo vivir correctamente?. Vivir correctamente significa entonces que uno no se contenta tan sólo con “practicar” algunas virtudes (si es que existen algunas) sino con sentirse correctamente. Los sentimientos no son cosas voluntarias. No se eliminan a través de las explicaciones, a través de racionalizaciones y ciertamente no a través de la supresión. Si usted odia fuertemente a alguien, encontrará que no puede disipar su odio razonando, explicando o eliminando el sentimiento. A menos uno perciba las causas de raíz que hace que surja ese sentimiento de odio en nuestra propia psique y entiende cómo operan estas causas, uno no puede liberarse del sentimiento de odio. Si uno trata externamente de convertirlo en un sentimiento de amor, nos lleva a la hipocresía y pretensión. Es muy importante ser totalmente honesto y auténtico con uno mismo y evitar cualquier rastro de hipocresía o pretensión, fingimiento, si uno desea entenderse uno mismo. Es más importante ser uno mismo y aprender sobre uno mismo que tratar de ser como alguien más, no importando cuan grandes sean Gandhi, Krishnamurti o Buda. Es el conocimiento de uno mismo que naturalmente altera nuestros valores y la visión de la vida y es allí, donde surgen, donde se purifican nuestros sentimientos.

Debemos entender claramente el orden externo y la disciplina no importa lo necesario y útiles que pudieran ser, nunca traerán orden interno. Por otra parte, si hay orden interno, en nuestras mentes, nuestros sentimientos, nuestros pensamientos, entonces el orden externo y la disciplina seguirán un corolario natural. Para ofrecer un ejemplo, si un hombre no es codicioso y centrado en sí mismo, no tiene el deseo de romper con la línea cuando se espera en la tienda o en la parada del autobús y meterse antes que alguien más. Usted no necesita disciplinarlo o poner un policía para mantenerlo en la cola. El estará en el lugar correcto de manera natural. Por otra parte, si usted tiene un grupo completo de individuos codiciosos, usted requerirá de un policía para imponer el orden a través del temor y el orden se mantiene en tanto el miedo esté presente.

Una escuela Krishnamurti presenta este reto ante nosotros. ¿Podemos vivir en un orden natural, sin miedo, sin compulsión?. Eso es el vivir correctamente. ¿Podemos cooperar entre nosotros sin buscar una ventaja personal, sin requerir el acuerdo de opinión y sin formar grupos?. ¿Podemos ser amigos sin buscar la lisonja o adulación o la crítica temerosa?. ¿Podemos ofrecer lo mejor de nosotros en un juego y estar igualmente felices si nuestro amigo gana?. ¿Podemos vivir sin comparación, sin sentimiento de superioridad o inferioridad con respecto de alguien más?. ¿Podemos amarnos unos a otros sin depender psicológicamente de unos y otros, utilizando unos y otros?. ¿Podemos vivir sin ilusiones, sin mediaciones y accesorios, viendo los hechos como son y haciendo lo correcto sin miedo o favor?. Ese es el reto que una escuela Krishnamurti nos plantea. Si no podemos vivir así dentro de una pequeña comunidad protegida llamada escuela cómo podemos esperar que nuestros estudiantes vivan de esa manera en el mundo exterior?. ¿Y si no los educamos para vivir de ese modo, entonces qué valor tiene la educación?. ¿ Acaso queremos darle el significado de educación solamente a cultivar habilidades, usarlas en el mundo exterior para ganar las máximas ventajas materiales, aceptar toda la codicia, violencia y corrupción de la sociedad y contribuir con ella?. ¿ Es eso toda la educación?. Esa es la pregunta que debemos hacernos todos, tanto individualmente como también colectivamente.

El mayor reto no es el niño para crear una escuela Krishnamurti, ni las técnicas, ni la sociedad, ni el sistema educacional. Es la falta de entendimiento de nuestros pequeños egos, nuestros propios egos. En este aspecto no somos muy diferentes de los niños y si uno observa cuidadosamente encontraría uno que sus problemas son realmente nuestros problemas. A menos que nosotros los maestros, estemos agudamente concientes de este hecho, no podremos crear una escuela Krishnamurti no importa qué tanto pudiéremos luchar con los problemas de disciplina, técnicas educativas, logros, financiamientos y eficiencia.

Traducción: Salvador D. Rojas
Noviembre 9, 2004

2 comentarios:

  1. Jiddu Krishnamurti y Nitya.

    Mi hermano ha muerto;
    éramos como dos estrellas en un cielo desnudo.
    Él era igual que yo:
    la piel tostada por el cálido Sol
    en la tierra de suaves brisas,
    oscilantes palmeras,
    y ríos de agua fresca;
    donde son innumerables las sombras,
    y hay cotorras y papagayos de vivos colores.
    Donde las copas verdes de los árboles
    danzan bajo la refulgente luz del Sol;
    donde hay dorados arenales
    y mares de color verde azulado:
    donde el mundo vive bajo el peso del Sol,
    y la tierra cocida es marrón mate;
    donde el arroz verde
    centellea cautivador en las aguas limosas,
    y los cuerpos tostados, desnudos, brillan
    libres en el resplandor deslumbrante.
    La tierra
    de la madre que amamanta a su hijo al borde de la carretera;
    del devoto amante
    que trae en ofrenda vistosas flores;
    del santuario a la orilla del camino;
    de intenso silencio;
    de paz inmensa.
    Murió;
    lloré en soledad.
    Allá adonde iba, oía su voz
    y su risa alegre.
    Buscaba su rostro
    en cada caminante
    y a cada uno preguntaba si había visto a mi hermano;
    pero ninguno de ellos podía darme consuelo.
    Rogué,
    recé,
    mas los dioses guardaban silencio.
    No me quedaban ya lágrimas;
    no me quedaban sueños.
    Lo busqué en todas las cosas,
    en todos los países.
    Lo oía en el susurro unísono de los árboles
    llamándome a su morada.
    Y luego,
    en mi búsqueda,
    apareciste Tú,
    Señor de mi corazón;
    sólo en Ti
    vi el rostro de mi hermano.
    Sólo en ti,
    mi eterno Amor,
    veo los rostros
    de todos los vivos y de todos los muertos.

    El Canto de la Vida, 1931.
    Krishnamurti 100 años de Sabiduría, Evelyne Blau.
    http://seaunaluzparaustedmismo.blogspot.com/

    ResponderEliminar
  2. El de la foto no es Jiddu Krishnamurti, es U. G. Krishnamurti.

    ResponderEliminar

ESCRIBE LO QUE PIENSAS DE ESTO.