lunes, 19 de diciembre de 2011

HABLA EL PROFE

"Estoy contra la mediocridad de los estudiantes"

Nación Camilo Jiménez causó controversia al publicar la carta de renuncia a su cátedra en la Javeriana en la que señala problemas de aprendizaje de sus alumnos. Aclaró sus intenciones y sostuvo que el problema es que la manera como los jóvenes de hoy acceden al conocimiento está cambiando.
MARÍA JIMENA DUZÁN: ¿Qué sintió el día que vio su carta de renuncia a la cátedra de la Javeriana porque sus alumnos eran incapaces de escribir bien un párrafo, publicada en una página entera de 'El Tiempo'?

CAMILO JIMÉNEZ: Cuando la vi publicada en una página completa, me llevé las manos a la cabeza. Nunca me imaginé que iba a generar tanta polémica. Como ya lo he dicho, yo escribí esa carta para mi jefa y para unos cuantos amigos que frecuentaban mi blog; quería debatirla con ellos, pero no más. Si hubiera sabido que iba a salir en los medios, no habría dicho que fumaba marihuana.

M.J.D.: Una estudiante, en respuesta a lo que usted manifestó en su carta, dice que el problema de que los estudiantes no hubieran podido armar un párrafo de un resumen de un libro en su clase no era de los estudiantes sino de usted. La carta estaba muy bien escrita y argumentada, contrario a lo que, según usted, dice que no pueden hacer sus estudiantes. ¿Es ella su alumna?

C.J.: No, no es estudiante mía, y sí la leí. Ante todo, me pareció muy bien que ella se haya sentado a escribirla y haya abierto un blog. Seguramente discutió con varios compañeros antes de escribirla y solo por eso vale la pena todo este zaperoco que se armó. Esa no es la única carta que me ha llegado: ya llevo como cinco que me han enviado los estudiantes. Todas están muy bien argumentadas.

M.J.D.: ¿De quién es la culpa de que los estudiantes no aprendan: del profesor o de los estudiantes?

C.J.: Quiero aclararle algo: en mi carta no quise acusar a los estudiantes de nada, ni más faltaba. Lo que yo quería poner sobre el tapete es que la manera como los jóvenes de hoy acceden al conocimiento está cambiando y yo creo que los profesores no estamos muy atentos a esos cambios. Pero ni soy un retrógrado, como muchos han dicho, ni estoy en contra de las nuevas tecnologías, ni tampoco soy como un viejito, como muchos me han pintado: tengo mi blog, mi Twitter… Lo que quise señalar en mi carta es el uso que se les está dando a esas nuevas tecnologías, y en el fondo estoy es en contra de la mediocridad en los estudiantes.

M.J.D.: Usted dice en la carta algo que es cierto: que los estudiantes de ahora se acostumbran a no buscar porque todo lo encuentran en el señor Google…

C.J.: No soy experto en educación, soy simplemente un profesor que le gusta leer y que me he desempeñado en el mundo editorial. Pero sí creo que hay que entender que esa capacidad que tienen estas nuevas generaciones de aprender viendo un video mientras chatean con un compañero hay que saberla canalizar para que se construya un pensamiento crítico.

M.J.D.: Usted habla en su carta de que se va de la cátedra porque sus estudiantes no pudieron hacer un párrafo de un resumen de un libro…¿Cuál era el libro?

C.J.: Uno de los resúmenes que propuse fue del Relato de un náufrago, de García Márquez. Y el trabajo de uno de los alumnos empezaba: "El retrato de una naugrafo…! De una había tres errores en el título: retrato en vez de relato, una en vez de un y naufrago en vez de náufrago. Eso es ya un caso dramático de atención, de concentración, de cuidado.

M.J.D.: Usted también dice en su carta que no es ni ñoño ni mamerto, que fumaba marihuana y le gustaban las tetas, pero que leía…¿No leen los jóvenes hoy día?

C.J.: Sí leen, pero en internet, abriendo cada minuto una ventana, otra, mientras chatean con alguien. Es una lectura etérea, poco comprometida. Ahí empiezan a no entender y a fallar en su valoración sobre los hechos. Sin embargo, el ejercicio de leer un libro es distinto porque precisamente es el que les permite cerrar todas esas ventanas y abrir una sola para meterse en ella. Esa lectura atenta, que puede hacerse en cualquier plataforma y no solo en un libro, que nos permite retirarnos por un momento del mundo y concentrarnos en el libro, es lo que está faltando.

M.J.D.: Usted tiene el temor de que esas nuevas generaciones no puedan desarrollar un espíritu crítico...

C.J.: Si uno no entiende bien lo que lee, lo malinterpreta, y las buenas ideas nacen en la soledad. Si no tenemos la capacidad de estar recogidos, pues entonces las preguntas que se hacen van a ser las que no son. Y las razones y las ideas van a estar desenfocadas. Eso se demuestra en muchas de las respuestas a mi carta, como la de Daniel Pardo, en la que él hacía toda una argumentación sobre premisas falsas… Él leyó mal mi carta: me dice que soy un crítico de las nuevas tecnologías, y en realidad eso no es lo que digo en mi carta.

M.J.D.: ¿Qué pasa cuando los profesores no logran tocar el alma de los estudiantes?

C.J.: Pues se renuncia. O por lo menos, hay una frustración grande. Y de hecho, mi carta demuestra algo de eso. No estoy tirando la toalla, como muchos han dicho, sino pidiendo un tiempo para pensar.

M.J.D.: ¿Y a qué conclusiones ha llegado con todas estas reflexiones?

C.J.: Pues como se ve en la carta, no he llegado a ninguna conclusión todavía y si hay algún responsable de que mis estudiantes no hayan logrado redactar un párrafo, ese soy yo. Mi decisión es radical. Llevaba dos años ensayando alternativas que no producían buenos resultados. Y decidí que necesito pensar, parar. Voy a leer, quiero saber qué están haciendo los colegios, quiero prepararme mejor.

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domingo, 18 de diciembre de 2011

DEBATE ABIERTO

Un profesor de la javeriana se queja del nivel de sus estudiantes, dice que renuncia por ello, por la baja calidad. Una estudiante le responde manera magistral, lean pues:


Está que arde el debate iniciado por la carta de renuncia del profesor de la Universidad Javeriana.
Señor Camilo Jiménez:

Mi nombre es Victoria Tobar, tengo 20 años, soy estudiante de Comunicación Social con énfasis Audiovisual de la Universidad Javeriana, y leí su emotiva carta de renuncia. Encontré en su declaración una serie de inconsistencias en los motivos que sustentan su renuncia.

Con respecto al segundo párrafo, me parece que su argumento, básicamente, es que sus estudiantes deberían saber escribir un resumen decente porque vienen de familias bien, comen bien y estudiaron en colegios bien. En ese orden de ideas, si bien entiendo, tomar aguadepanela, comer huevito con arroz, tener un papá carpintero o celador y no haber salido nunca del país son condiciones de la existencia que atrofian el cerebro, la capacidad de análisis y la actitud crítica. Su declaración es sumamente injusta. Es una extensa -y en varios puntos, desacertada- crítica de la disposición actual de los estudiantes hacia el aprendizaje.

Porque le recuerdo que a eso vamos a la universidad: a aprender.
Lo que veo en su columna es que usted sería feliz con un salón lleno de gente experta, con una capacidad de análisis y redacción tan perfecta como la suya, de manera que su tarea se pueda limitar a leer y calificar genios.

Después de una crítica sobre la disposición de sus estudiantes (que cada vez iba pareciendo más una crítica a sus capacidades y tomando un tono algo ofensivo, como aquel que refleja esa frase "no pudieron pasar del resumen"), pasa usted a considerar la posibilidad de que el problema sea usted, y no ellos, cosa que me parece por lo demás muy válida. Lo que sí no lo es, es la actitud que toma usted ante tal consideración. Unas afirmaciones que transpiran sarcasmo y que se encargan de lavar sus manos de cualquier indicio de culpa. Creo que usted y todos nosotros tenemos claro que las presentaciones en PowerPoint y las películas-resumen no son la mejor herramienta de aprendizaje. Sin embargo, hay algo que no entiendo. Usted critica, principalmente, la actitud adormilada de sus estudiantes, su ausencia de espíritu crítico y, en consecuencia, sus largos e incómodos silencios durante sus clases. Le pregunto, ¿cree usted que un resumen es el mayor fomento del espíritu inquieto y crítico? Cuando un gran profesor de cine, que tuve hace un par de semestres, me explicó qué era el neorrealismo italiano, no tuve espacio para la duda. Lo que hice con el concepto que él introdujo abrió infinitos escenarios de duda y debate. Humildemente le sugiero: si usted quiere dar una clase en la que la crítica, la duda y el debate sean los protagonistas, (haga) que su eje transversal no sea saber hacer un resumen. ¿Qué le puedo preguntar a un resumen? Con esto (no) quiero decir que no sea fundamental para un editor escribir bien y manejar la economía de medios, pero creo que sus críticas deberían ser más coherentes con el tipo de contenidos que ofrece en su clase.

Si se queja de que no hay estudiantes con un espíritu curioso y crítico, yo me quejo de que no tengo profesores que siembren en mí la duda y las ganas de saber. Porque si hay algo que creo es que las ganas de aprender de un estudiante residen, en gran medida, en las ganas del profesor de que sus estudiantes aprendan. El semestre pasado, un profesor de 27 o 28 años hizo que yo entendiera a Félix Guattari, cuando para mí -antes de ver esa clase- el deseo solo era interesante si se entendía como las ganas de follarse al prójimo. Y lo hicieron otros estudiantes. Todos quisieron entender y el profesor no descansó hasta que lo logramos. Si sus estudiantes, al entrar a su clase, no sabían hacer un resumen, su meta como profesor era enseñárselo.

Considero una falencia creer que el único conocimiento válido es el que reside en los libros. Esa es la premisa que está detrás de toda su exposición. Entiendo que pueda ser su visión como editor y que, cuando usted tenía la edad de sus estudiantes, esa fuera la única, pero déjeme contarle que hay otras formas, igualmente válidas.

Creo también que su afirmación según la cual las ideas solo pueden nacer del silencio y la introspección es debatible. Si bien algunas de mis ideas y preguntas -no solo académicas, sino también sobre la vida- surgen desde ese estado de soledad, muchas otras surgen desde la interacción con personas y puntos de vista. La época en que vivimos permite que esas personas y esos puntos de vista se manifiesten por medios diferentes de la palabra, y no es una desgracia, es una suerte. Hay blogs de arte, de música, de fotografía, de política, de diseño... Y allí mismo, alguien, en cualquier lugar del mundo, ha condensado una forma de ver la vida. Esta carta es una prueba de ello. Es una idea que, si bien se materializó en la palabra, surgió de uno de esos medios que usted tanto critica: Twitter. Si no fuera por ese medio, tal vez nunca habría tenido noticia de la polémica que su carta ha desencadenado, y, en ese sentido, esta carta, sin importar la validez de su contenido, es un argumento en su contra, al igual que todas las respuestas a favor y en contra que ha recibido hasta ahora. Creer que los nuevos medios solo sirven para que los jovencitos hablen mierda es, como mínimo, ingenuo.

Hice un conteo similar al suyo. He cursado un total de 29 materias y nunca he repetido profesor. De esos 29 profesores, 3 me han enseñado algo, y uno ha hecho el esfuerzo. 25 profesores han pasado por mi vida desapercibidamente. ¿25 estudiantes no le dieron la talla? Bueno, a mí 25 profesores no me la han dado, y a mí no me pagan; yo pago. Sé que no es su culpa que nosotros los estudiantes no denunciemos este tipo de cosas. Este es un intento por empezar a hacerlo, como ustedes, profesores, diariamente lo hacen.

Entiendo que se haya cansado de su oficio. Nadie está obligado a permanecer donde no quiere estar. Me parece injusto que la culpa (porque hay culpables en su texto) sea de sus estudiantes, que "no pudieron" con usted. Humildemente, creo que su cansancio radica en que para usted la docencia es eso, un oficio. Ser profesor requiere de una vocación inmensa, tan grande, quizás, como la de un médico. Lo invito, con todo respeto, a que considere la posibilidad de que usted se haya ido porque se dio cuenta, tal vez, muy en el fondo, de que enseñar no es lo suyo.

No le pido que vuelva. Agradezco la sensatez de haberse ido. Me imagino que a usted no le gustan los médicos que, durante la consulta, no lo miran a los ojos. A mí no me gustan los profesores que no pueden asumir su responsabilidad. Al igual que usted, termino esta carta con un incómodo nudo en la garganta.

Tomado de http://alfinvictoria.blogspot.com/2011/12/carta
-para-camilo-jimenez.html
Victoria Tobar