martes, 31 de agosto de 2010

La Escuela de la Srta. Olga

El club de la ciencia


La profesora que recién había llegado a la escuela rural, en la segunda mañana de clases les dijo a los niños que harían un club de ciencia, los niños se miraron mostrando duda y asombro ¿Qué es un club de ciencia?

Ella sospechando el desubique causado organizó a los niños por grupos, salieron cuatro y a cada uno le declaró un nombre, al primero los nombró el grupo de la duda, al segundo el grupo del misterio, al tercero al grupo de los nombres y al tercero el grupo de los cuentos.

Entonces muy temprano al siguiente día salieron al bosque, la profesora les dijó: dediquénse a observar y por grupos oragnicen dudas, nombres, misterios y cuentos de acuerdo a lo que se les presente en el camino. Los niños salieron y corrieron, jugaron, cantaron y al final hicieron las tareas.

El grupo de las dudas preguntaron sobre: ¿por qué todo es tan verde? ¿por qué hay tanta agua? ¿Por qué los pájaros se esconden cuando ven a los niños? ¿Por qué hay un olor especial en cada rincón? ¿por qué hay unas frutas amargas, otras ácidas y otras dulces? los niños preguntaron todo lo que sintieron.

El grupo de los misterios encontraron nidos abandonados, musgos y líquenes rojos, hongos con cabeza amarilla y otros con cabeza café; a los niños les causo mucha curiosidad unos gusanitos con pelos o puntas extrañas; vieron unas pequeñas cuevitas como cavadas por animales, anotaron muchos misterios que no se explicaban pero sobre los que hacían conjeturas.

El grupo de los nombres nombraron y escribieron después de ver: hierbabuena, cola de caballo, helechos, robles, arrendajos, cañada, rocío, savia, clorofila (como lo había visto escrito en un libro de la escuela), telaraña, escarabajo, flor..., muchos nombres verdaderos e inventados trajeron los niños.

El grupo del cuento escribió sobre una libelula azul que en realidad era una hada y que protegía el bosque de los seres gigantes que querían destruirlo para armar edificios y carreteras; el hada encantaba con su vuelo a los gigantes y los hacía devolver a us lugar llamado basurero.

La profesora nueva quedó maravillada con el trabajo de los niños, los niños comenzaron a amar el club de la ciencia, llevaba una semana y los niños querían aprender y aprender.

Luego la profesora con los niños hicieron el club de la poesía, el club de la matemática, el club de la ecología; así la escuela rural se convirtió en el club del saber, era una escuela divertida, dónde no había recreo.

En el pueblo la llamaron la verdadera escuela nueva y duró hasta cuando trasladaron a la profe, cuando ella se fue volvieron al salón, a las lecciones y a las izadas de bandera, la maestra que llegó era especialista en pedagogía.


Makamoro


jueves, 5 de agosto de 2010

Un sabio

MI CREDO
Por: Albert Einstein




Nuestra situación en la tierra parece extraña. Cada uno de nosotros aparece aquí involuntariamente y sin ser invitado, para permanecer durante poco tiempo y sin saber los por qué ni las causas. En nuestra vida diaria sentimos que el hombre está aquí para los demás, para aquellos a quienes queremos y para los que sus destinos están conectados con nosotros.

Me preocupa a menudo la idea de que mi vida está basada en gran parte en el trabajo de mis seres queridos y soy consciente de mi gran deuda con ellos.



No creo en la libertad de la voluntad. Las palabras de Schopenhauer: “El hombre puede hacer lo que quiera, pero no puede determinar su voluntad” me acompañan en todas las situaciones de mi vida y me reconcilia con los actos de los otros, aunque me sean dolorosos.
Esta conciencia de la falta de libertad de la voluntad me preserva de tomarme muy en serio a mí mismo y a mis seres queridos como individuos con capacidad de decisión y acción y también me preserva de perder mi control.
Nunca deseé la opulencia ni el lujo, incluso los desprecio.
Mi pasión por la justicia social me ha llevado a veces a conflictos con otras personas, asimismo como mi aversión hacia cualquier obligación y dependencia, las que no considero como algo absolutamente necesario.
Tengo en alta consideración al individuo y una insuperable aversión por la violencia.
Todos estos motivos me han convertido en antimilitarista y un pacifista apasionado.
Estoy en contra de cualquier nacionalismo, incluso en forma de mero patriotismo.
Los privilegios basados en la posición y la propiedad siempre me han parecido injustos y perniciosos, al igual que cualquier culto exagerado a la personalidad.
Me adhiero al ideal de democracia, aunque conozco bien las flaquezas de las formas de gobierno democrático.
He tenido siempre la igualdad social y la protección económica del individuo como las metas comunales del estado.
Aunque en mi vida diaria soy un solitario típico, mi consciencia de pertenecer a la comunidad invisible de aquellos que luchan por la verdad, la belleza y la justicia me ha preservado de sentirme solo.
La más profunda y maravillosa experiencia que puede tener un hombre es el sentido del misterio. Es el principio que yace bajo la religión, las artes y la ciencia. Aquel que nunca haya tenido esta experiencia me parece, si no muerto, al menos ciego. Sentir que detrás de cualquier cosa que se pueda experimentar existe algo que nuestra mente no puede abarcar y cuya belleza y sublimidad nos alcanza sólo indirectamente como un débil reflejo, esto es religiosidad.
En este sentido si soy religioso. Para mi es suficiente con maravillarme con estos secretos e intentar humildemente de hacer en mi mente una imagen de la elevada estructura de todo lo que existe.
Berlín, otoño de 1932

Mi mejor clase