martes, 12 de mayo de 2015

PEDAGOGÍA HEDÓNICA




PEDAGOGÍA HEDÓNICA
O LA BÚSQUEDA DEL PLACER POR APRENDER Y ENSEÑAR
EN TIEMPOS DE ESCUELAS SOMNOLIENTAS

Si algo han aprendido en este transcurso de días enjaulados es porque ustedes quisieron, es porque ustedes tomaron la decisión, es porque centraron su interés en lo que aprendieron. Si no tomaron esa decisión poco o nada aprendieron, se van igual.

Aprendieron, los que aprendieron, por tres razones: porque se les dio la gana, aprendieron porque empatizaron con el discurso y algo de él les hizo coincidir existencialmente con algo, y aprendieron porque les gustó el cuento.

Partamos de un ejercicio de nemotecnia simple, recuerden  cómo han aprendido lo que hoy saben de verdad y lo que les gusta pensar, hacer o sentir; tal vez y para no perder la fe en esta propuesta muchos de esos aprendizajes fueron mediados por el cariño, la empatía y el gusto, en pocas palabras lo que ustedes saben lo saben por placer.

Claro habrá otras facetas que las saben porque se burlaron de ustedes o porque les dieron un coscorrón o porque tocaba para hacer algo funcionalmente útil, pero eso dejémoslo como experiencias instaladas en la memoria, no en la piel, lo que se  aprende se aprende dérmicamente, con los sentidos integrados.

Es muy aburrida la escuela de hoy, no permite que los niños sean niños, no le gusta la juventud de los jóvenes, los profesores parecen policías controlando y vigilando, no se ríen, no juegan, pocas veces cantan, bailan cuando se embriagan, les da miedo al ridículo plantear algo con humor inteligente. Eso sí les encanta evaluar, sancionar, sentir que ellos son los que saben, tan aburridos que son.

Los jóvenes, algunos pocos por fortuna, se han acomodado a ese ambiente y ya se ven caricaturas de nerds pidiendo orden, pidiendo silencio, pidiendo el respeto a las instituciones,  a la bandera, a los iconos de la moral, nada más  triste que un joven amansado.

Si la escuela se atreve y abre las puertas por momentos a la luz de la vida que vibra encontrará que existe el placer, esa sensación de bien ser y bien estar, esa placidez de la alegría, del buen genio, de la respuesta inteligente, de la actitud lúdica, de la picardía y la emoción grata.

Las ganancias son inmensas, curiosidad y asombro por ejemplo, no hay emoción más feliz que descubrir, no hay alegría más  intensa que encontrar lo que se busca, no hay felicidad mayor que lograr metas con los amigos.

El cerebro se excita cuando encuentra estímulos seductores, la mejor manera de ponerlo a funcionar es con una experiencia que guste, que sea amable, que le proponga avanzar sobre algo o con algo, el placer será el detonante, el placer será el mayor mediador de un aprendizaje significativo, no olvidamos lo que nos gusta, lo que nos emociona, es más sirve para establecer y consolidar nuestro proyecto de vida, el aprendizaje requiere de química. Pero si la escuela es oscurantista y mediocre, si el docente es polizón y gruñón, la experiencia con el saber será amarga. Se recordará lo aprendido pero no pasará  por la sonrisa, se fruncirá el rostro y se dirá que bueno que con dolor se aprende pero no de la misma manera.

Una pedagogía hedonista, basada en el principio del placer debe tener tres pilares claves para el enseñar y para el aprender, tres para cada uno, miremos pues los tres principios hedonistas del que enseña:

1.     El docente, el pedagogo que no siente placer por lo que sabe no debe enseñar, su saber es la realización de su vida, no termina, es intensa,  es el motor de existencia, lo hace un intelectual, lo hace un ser pensante, un ser político, un ser con criterio y carácter para atreverse a seguir buscando, escudriñando, aprendiendo su verdad.

2.    El docente que no aprecia y valora a sus aprendices tiene un problema muy serio a nivel pedagógico, pues ese adulto, ese profesional de la educación requiere empatía, el don de la identidad con el otro, no el de la brecha, no el del muro, sí el de la aproximación, evidentemente el de la construcción de puentes para cautivar a ese aprendiz, para atraparlo en el saber, para liberarlo en la expresión, para valorarlo en su singularidad. Muchas veces este puente de aproximación es invisible, no es intencionado, es simplemente la imagen y representación de una ser docente que sea ejemplo, que enseñe con la presencia, que sea testimonio permanente.

3.    El docente que entiende y se compromete con los contextos y los ambiente, el didacta, él sabe qué hacer en un aula, el que sabe cómo emplear el cine, la música, la fotografía, la culinaria, el laboratorio de química, experiencia digital. Es ese mago que saca de la manga un nuevo naipe, del sombrero un conejo, de la varita mágica una clave emocional, una clave de diseño, una herramienta para atraer y no para alejar. El didacta será siempre un ser feliz.

Los pilares del hedonista que aprende se expresan de la siguiente forma:

1.     El que conserva, cuida y mantiene el niño interior, lleno de asombro y curiosidad, el que se permite la pregunta, el que se permite la duda, el que mete la mano donde dicen que no se puede. Ese que mantiene el niño interior, seguirá descubriendo, terminará encantado, le gustará siempre aprender más.

2.    El que madura paulatinamente en la emoción y aprende a ser social, una condición importante para aprender desde el placer es la de empatizar con los otros, hacer equipos, redes, grupos de interés. Se necesita que ese ser social comparta, aprenda, construya en conjunto y sepa ganar-ganar. En la pedagogía hedonista no espacio para competencia, ni para el mejor, ni pare el más “pilo”, hay campo para aquel que es capaz de ser él y de aportarle a los otros, mayor dicha no hay.

3.    Aprender es la alegría, aprender es el placer, si el estudiante se hace consciente de ello, si descubre que aprender brinda una satisfacción existencial, corporal, intelectual, hasta espiritual terminará apostándole permanentemente al aprendizaje., al interés por el conocimiento, se trata de que se construya una actitud, una  emoción, una pasión, finalmente cuando se observa a los grandes  humanos se encuentra también que son seres intensamente apasionados.

Cambiar el concepto pedagógico, no más castigos, no más “la letra con sangre entra”, no más  pobres profesores histéricos y neuróticos (enfermos a las postre), no más niños con déficit de atención, no más ritalina para calmar la emoción, queremos niños activos, vivaces; también jóvenes creadores, jóvenes enamorados del mundo y de la vida; necesitamos una escuela que proteja la vida, el placer, la emoción que proponga pasiones, que proponga singularidades, que permita la realización del ser y no su sometimiento ni su amansamiento.

Una pedagogía hedonista, sí, dedicada al placer de estar en el mundo, en la vida con las personas, con la naturaleza; una búsqueda del aprender y del enseñar para destruir totalmente las escuelas somnolientas, aburridoras, sancionatorias de la expresión.

Que para formar el criterio se requiere disciplina y normalización no sabemos, quizá para algunas personas eso funciona pero para la mayoría los que siguen aún con sus asombros intactos una escuela que funde el agrado por el placer será la clave para revolucionar un mundo de violentos y amargado humanos que le hacen daño a los otros.

Los invito a vivir el placer de aprender, el placer de jugar, el placer de ser científico, artista o tecnólogo, el grato placer de ser campesino o astrónomo, bailarín o payaso, médico o mecánico; el placer de hacer y construir humanidad con los otros.

Esa es mi propuesta, esa es mi intención. Ha sido un placer enseñarles.


Manuel Camilo Morales Rojas
Licenciado en educación básica.
Especialista en orientación educativa y desarrollo humano.



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