lunes, 30 de septiembre de 2013

Octubre, nada qué celebrar


UNA DEVASTACIÓN QUE NO SE DETIENE

UN OCTUBRE NUEVO PARA REFLEXIONAR

1492-2012

 

“No sabíamos mucho de su mundo, de sus costumbres, de sus zodiacos ni de sus sueños. Pero los antepasados de aquel hombre habían alzado ciudades de piedras gigantescas y las  habían recubierto de oro, habían trazado templos y palacios en las alturas, habían tallado observatorios en las agujas de piedra de la cordillera, habían leído los signos del cóndor, del  jaguar y de la serpiente en los tres niveles del mundo, habían domesticado las semillas y las vicuñas lanosas de los riscos, sabían convertir el oro en pendientes y en plegarias, conocían los secretos de las terrazas de cultivo, repetían leyendas y canciones, guardaban historias y cifras en los nudos antiquísimos de sus quipus, sabían tejer mantas y trajes lujosos con lana de alpacas y hacer para sus reyes capas flexibles de murciélago, negras y blandas como la noche misma, habían estudiado los abismos del cielo, conocían los ciclos de fertilidad de la Luna y los nombres de las estrellas. Sólo nuestra barbarie podía borrar tantas cosas y verlos en su silencio como bestias sin dioses”.[1]

“Cristóbal de Aguilar  y  Medina”-

El país de la canela.

 

 

Las carabelas avanzaban en una aventura por los mares indómitos, el costo de este ejercicio de alta osadía era inmenso, cruzar ante la tormenta  y el agitado océano una línea  desconocida  que los separaría de una cruda pobreza hacia una riqueza singular y extraordinaria, quién obtenía la tierra lo ganaba todo, ganaba el cielo.

Se ha dicho que la ambición por el oro, desmedida y cruel,  era la bandera de la gran empresa, hoy pensamos que no solo era el oro, era la conquista efectivamente de la TIERRA, con su agua, con su madera, con sus plantas, con sus animales, con sus otros metales, cristales y rocas…, sólo había un impedimento mayor que a la postre se convertiría en útil recurso, en esas tierras había comunidades humanas, habitantes, que fueron diezmados y explotados a más no poder. Aún hoy.

La gran avanzada de las carabelas hoy es un monstruo vivo y vigente, la conquista no ha terminado, el territorio de Abya Yala[2] es el territorio de la fortuna, es el continente de  la buena esperanza, es el espacio de la “creación” para explotar y dominar pues es el legado de aquellos que se decidieron a conquistar y explotar está vigente, aún hay mucho qué saquear, además las necesidades de los importantes conquistadores son muchas, mantener un  sistema económico que tiene como estandarte el consumo a ultranza y la guerra como política.

La invasión “al territorio de las indias” encontró el paraíso, frutas y mujeres exóticas, la medicina para las enfermedades que habían azotado a Europa por siglos, la comida y las especias que darían al paladar de los reyes el gusto jamás imaginado; entonces comenzó la destrucción de ríos, montañas y selvas, arrasando culturas, templos, civilizaciones, sitios sagrados. Portugueses, holandeses, españoles, franceses, ingleses, austriacos…, todo tipo de pirata, ladrón, empresario de iglesia, mercenario desterrado, criminal perseguido, prostituta  enferma se marchó al continente de los piel de cobre a saquearlo, a destruirlo, a perpetuarlo en el desconocimiento y no importó simplemente con la derrota al mundo civilizado de sus lenguas y creencias propias, la conquista fundamental se hizo a través de la expropiación de la tierra. Hoy se han sumado al saqueo, la explotación y a la guerra  las empresas, canadienses, chinas, norteamericanas que en su ambición desmedida disponen de la gran  tecnología de la muerte.

El infortunado encuentro de dos civilizaciones implicó para una de ellas el sometimiento  y la desgracia. De allí que la pobreza se regó de norte a sur, la injusticia social se propagó como manera de hacer gobierno, la división humana se radicalizó haciendo creer que hay seres humanos de categorías inferiores, dogmas religiosos y cruentas estrategias de guerra respaldaron toda una empresa económica de saqueo y expansión, sin este tremendo accidente socio, ambiental y cultural habría sido imposible el desarrollo de las potencias del norte en su capitalismo cada vez más salvaje, en la globalización de la economía de la muerte que todo lo consume, lo destruye y lo acaba.

Por eso hoy y ante tan grave afrenta a la humanidad  los pueblos originarios que no fueron vencidos en totalidad siguen caminando la palabra y con ella se oponen de frente a la minería, a la deforestación, hablan del cuidado del agua y de las semillas, su tierra es sagrada y no permitirán que siga siendo violada y destruida. Los pueblos originarios, los campesinos, los obreros,  los millones de desempleados pobres y el ciudadano del común de una América sorprendente salen a marchar, salen a exigir, salen a cantar y a orar, muestran con sus tambores y quenas la protesta, muestran con sus poemas y su danzas que la esperanza no muere, que las nuevas locomotoras del desarrollo no podrán extinguir las culturas del jaguar y la anaconda.

Hoy que hablamos de paz, hoy que soñamos con una nueva senda política que le ponga fin al conflicto armado  se requiere devolver la tierra al que la trabaja, requiere el reconocimiento de los pueblos y las naciones, implica tomar decisiones de un NO rotundo a la mega minería, a los tratados de libre comercio, al negocio de los transgénicos, al cuidado, protección y mantenimiento  urgente de páramos y selvas. Para plantear la paz tendremos que hablar de nosotros y de nuestra historia mutilada, tendremos que afianzarnos en una nueva alianza que opte por la defensa de la vida, de los recursos naturales y de las culturas originarias. Tendremos en definitiva que educarnos diferente para la paz y el medio ambiente. Urge una nueva escuela.

En este octubre hay una buena oportunidad de cuestionarnos y de aprender del pasado, la tierra que les dejemos a nuestros hijos es un préstamo que nos dejaron nuestros padres. Para todos todo como dice el Doctor Krápula[3] y en la coyuntura de la negociación del conflicto resultaría interesante hablar con el Mamo, el Chamán o el Curaca y en medio de un ritual de yagé y coca hacer una cruzada integral por la defensa de lo natural-mente nuestro.

 

Licenciado

Manuel Camilo Morales Rojas

Makamoro.



[1] Ospina, William. El país de  la canela.
[2] http://www.aporrea.org/actualidad/a19474.html
[3] http://youtu.be/E2-NfqF8WQ4

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