jueves, 9 de mayo de 2013

Un nuevo Maestro

 
Al finalizar sus estudios sintió que estaba inconcluso, su carrera para docente lo  había dejado inquieto y sin certezas.

No sabía si su saber y conocimiento era para entorpecer desarrollos o para impulsar curiosidades sobre el mundo.

No sabía si responder a las urgencias del tiempo y el espacio de sus estudiantes o aumentárselas pidiéndoles memoria y normalidad.

No sabía si hablar de la vida, de las experiencias vivificantes, de los caminos verdes o recolectar textos escolares para hacer tareas mil veces copiadas.

No sabía si escoger entre inteligencia obediente o creatividad sublevada.

El aspirante a guía tenía gigantes sueños donde veía un planeta en armonía, soñaba libertades, soñaba avances en la ciencia, amaba el arte, entendía que una palanca podía renovar el mundo.

Al finalizar sus estudios el estudiante para docente encontró un país arruinado por los gobernantes (la más sucia estirpe de políticos), acosado por la guerra, fundado y fundido en mil violencias, supo de la pobreza, de la injusticia, de un sistema social que invita a la desigualdad y a la desgracia.

Experimentó con preguntas, importó métodos, observó a grades maestros, viajó a las escuelas de renombre, jugó con didácticas y se matriculó en innovadores modelos, no ahorro en esfuerzos buscando nuevas maneras.

En últimas encontró muy poco, nadie atendía ni nadie entendía las preguntas infantiles, la juventud parecía una amenaza y los profesores de practicas  anquilosadas inventaban más y más pruebas, calificaciones y castigos, estrategias de exclusión y maltrato a la dignidad.

El recién egresado de la universidad de los sabios comprobó que no sabía nada, que había mucho qué aprender e inventar, que era el momento de hacer una escuela distinta.

Convocó indígenas, artistas y filósofos sin oficio, abrió un taller en la montaña lejana, con niños y jóvenes aprendió a cuidar la tierra, con cómplices del sueño fundo una escuela de astronomía, la danza era diaria, la comida comunitaria, los poetas fueron surgiendo y los más curiosos renombraron la naturaleza.

Ya el nuevo docente era un viejo maestro, su escuela se volvió un fino oasis de pedagogía libertaria, la violencia allí no germinaba.

Él sigue haciéndose preguntas, sobre todo cuando mira al cielo, quiere escribir sobre la libertad, quiere contar los pasos nuevos hacia una evolución humana que marqué diferencia, ahora quiere viajar al mar, busca una lejana isla, su nuevo sueño es imposible edificarlo cerca de las ciudades.

Makamoro.





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