miércoles, 25 de abril de 2012

ANTE LA VIOLENCIA EN LA ESCUELA

LA ESCUELA FRACASADA LA VIOLENCIA ESCOLAR Y EL “BULLING” DEL SISTEMA

Un romántico de la pedagogía pregonaba estos cuando pretendía cambiar el mundo: “ES LA PROPIA REALIDAD LA QUE, EN MUCHOS MOMENTOS, PUEDE LLEVARNOS A UNA SITUACIÓN DE DESESPERACIÓN, DE APATÍA, EN LA CUAL PERDEMOS LA VISIÓN DE UN MAÑANA EN EL QUE YA NO CREEMOS. ES EXACTAMENTE ESTA REALIDAD LA QUE ME LLEVA A PLANTEAR LA NECESIDAD DE LA INDIGNACIÓN. ES DECIR, EN LUGAR DE UNA POSICIÓN FATALISTA FRENTE A UN MUNDO DE DOMINACIÓN, EN LUGAR DE VOLVERNOS FATALISTAS, YO PLANTEO UNA EXISTENCIA INDIGNADA” PAULO FREIRE

Sucedió está vez por allá en una escuela de Antioquia, unos niños entre 12 y 14 años matan a patadas a un compañero de similar edad, ha sucedido en Bogotá, en Cali, en cualquier calle y barrio de un país que tiene como currículo “oculto” el aprendizaje y la enseñanza de la muerte. Este tipo de acto violento se hace cada vez más evidente, los medios de comunicación se alertan momentáneamente y hacen el respectivo e irreflexivo espectáculo, las familias se dan golpes de pecho denunciando inocencia pero mostrando total ignorancia, los gremios de docentes guardan silencio.

¿A qué van nuestros niños y jóvenes a la escuela? ¿A ser asesinados por sus compañeros? ¿A ser maltratados por sus docentes? ¿A consumir ideología, vicios, modas? ¿Por qué se matan entre ellos? Probablemente la primera respuesta es que en la escuela no sucede nada seductor ni apasionante, que los docentes no conocen lo que pasa en sus estudiantes y que las familias abandonaron a sus niños, los reconocen en la morgue y allí se dan cuenta de qué algo estaban aprendiendo, a eso, a morir estúpidamente, a matar cínicamente.

Mientras los profesores llenaban infinitos formatos de evaluación, mientras que salían a protestar por salarios más justos, mientras los rectores vigilaban la puerta de entrada y salida como porteros de discoteca los más jóvenes estaban peleando en sus aulas por una niña libidinosa, por un celular de última generación, por un negocio torcido que alguien aprovecho; quizá ninguno de ellos esté discutiendo por una situación social o un problema matemático, ni por una pregunta de biología, estarán allí entrecruzados en un ambiente hostil de rivalidad y competencia jugando a ser el más guerrero, el más malo, el más bandido, el más hincha, a ser el patrón, el chacho, el duro…, tal y como ven al país, un ambiente social que celebra las palabras de Mancuso o de los hermanos Castaño, que re- eligen paramilitares como presidentes, que dejan en la impunidad masacres, robos de ciudades, que tranzan con el abuso y la violencia hacia la mujer, que abandonan niños en la calle, que talan bosques y que a diario se pierde en el fanatismo del fútbol, la idiotización de los medios y la carencia de proyecto nacional.

Ocurre en la gran universidad de los dueños del país, ocurre en las calles más pobres de cualquier ciudad no es un problema de estrato económico es un problema de la cultura, bien mórbida, que hemos terminado por aceptar, por recibir sin crítica, sin llamar la atención, sin estudiar a fondo lo que sucede.

Fracasa la familia que no porta un adecuado ni óptimo marco de valores, cualquiera es madre, cualquiera es padre, sin ninguna formación aparte de la natural que no es suficiente para la civilización. Familia que ha renunciado a la formación y que delega toda responsabilidad en la escuela, que como vemos también fracasa.

No es efectiva la educación porque en vez de promocionar artistas, deportistas, científicos, tecnólogos, líderes…, promueve la competencia individualista, la doble moral, el sistema económico que todo lo vende y que todo lo compra; cada vez el marco de edad se hace más temprano, a los diez años ya hay relaciones sexuales, a los diez años ya se consume alcohol y otras hierbas, a los diez años ya se negocia legal o ilegalmente… y a los doce o trece o quince ya se mata por considerarse propietario de algo, de una calle, de una mujer, de un balón, de cualquier aparato.

Y entras al aula y encuentras a la profesora pidiendo que copien del tablero, y pasas por el laboratorio y están en un examen y pasas por el patio y el profesor indiferente mira como los estudiantes no quieren nada, no les gusta nada, no buscan ni encuentran nada.

Pero los adultos joden a los menores por todo, por el uniforme, por el cabello, por las uñas, por la falda, por el aditamento en el cuerpo pero cuando al docente le llega el control del gobierno o el coordinador o los inspectores no preguntan por los niños ni por el conocimiento que circula, ni por las innovaciones didácticas preguntan por los formatos, las listas, los cupos, preocupados por…, no se sabe qué. ¿Quién forma a los docentes? ¿Qué hace la universidad para hacer interesante la sociedad del conocimiento? ¿Qué hacen los medios de comunicación para dejar de reproducir la violencia? ¿Quién educa a papá y a mamá?

La pedagogía fue desahuciada los tiranos de marras dijeron que lo que necesitan los jóvenes es mano fuerte, que cuáles cuentos de enseñar con sentido, qué cuales cuentos de evaluar por procesos, qué no vale la pena comprender a los más jóvenes ni sus contextos sino que hay que exigirles para que sean obedientes y “sanos”. La didáctica se refundió entre los libros de Comenio y Nericci y mejor se siguió enseñando como se enseñaba hace 50 años lo mismo y de la misma manera, el saber enseñar a pensar, sentir y a hacer sólo es un discurso de primer semestre de la facultad de educación que no cobra sentido porque la escuela se desdibujo entre los sistemas de gestión de la calidad y los gerentes que mercadearon las aulas para hacerlas más productivas.

Si al famoso maltrato escolar que cada día cobra más víctimas le han llamado sofisticadamente “Bulling”, entonces consideremos que el sistema que nos rige hace bulling con todos nosotros, un sistema hipócrita que le rinde culto al macho, que se enquista en la conciencia de los maltratadores profesionales que consideran a su prójimo simplemente un objeto de agresión, eso lo aprenden fácilmente y muy rápido los niños pues es un elemental principio que se consolida en la fuerza, nada más.

Los jóvenes han aprendido a protestar antes que a pensar, a ser rebeldes antes que a ser ciudadanos, a ser “padres” (en función reproductora) antes de ser hijos. Los jóvenes hoy consumidores de todo, negociantes de todo, “críticos” de todo, apáticos de todo no hacen otra cosa que copiar a su sociedad adulta, violenta, racista, clasista, homofóbica, guerrera, corrupta, capitalista y absolutamente inconsciente sobre las urgencias del mundo, de la vida y de la cultura.

Y a esos jóvenes “educados” por una fracasada escuela, anquilosada y autoritaria, los terminas viendo por ahí en las protestas rompiendo buses, fabricando clandestinamente bombas caseras que se les estallan en la cara, peleando en los estadios con banderas rojas, azules y verdes, cantando como “hoolingans” en argentino, los distingues por ahí profundamente dopados con cualquier psicotrópico; los terminas viendo por ahí en cualquier acto vandálico porque nadie les ha enseñado otra cosa, porque nos quieren llamar la atención a los adultos miopes, a la escuela fracasada, a las empresas del capitalismo salvaje, a las autoridades (¿?), pues no hemos podido educarlos para una sociedad distinta.

Manuel Camilo Morales R.

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