viernes, 13 de mayo de 2011

Profe


OFICIO DIFÍCIL.

Curioso oficio este…,
Estoy hoy con la nieta de la abuela de la frutería, con el niño del carnicero, con la ahijada de la señora Luisa, la del papá pandillero muerto.
Hoy tengo clase, allí está Jorge el científico, tiene el brazo partido por subirse a la antena de luz y bajar cometas, se tropezó y cayó, nada lo detiene hoy sigue elevando cometas; está Jazmín la niña que sueña con bailar, Néstor el niño del ebanista que hace barquitos con los palos de paletas, en el rincón está Edwin ha sido expulsado de varias escuelas, le gusta el fútbol y dibuja simios; está Damián, que le pega a los otros , no trae tareas, no tiene útiles pero le encanta abrir puertas.
Pasa el coordinador me controla el tiempo de clase, me dice qué porque hay tanto alboroto, yo le explico que estamos jugando y él me reclama que para eso está recreo, que por favor tenga domino de grupo.
Mi compañera del curso del lado acaban de sacarla en ambulancia, en ese salón del que ella está a cargo hay muchos problemas y ella todo el día, todo el fin de semana se lo pasa atendiendo niños y padres y no descansa, creo que esta mal del corazón, su corazón es bueno, pero su resistencia es baja.
El rector nos reunió en la mañana dijo en tono serio y ejecutivo que este mes no hay con qué pagarnos, luego se marchó en su lujoso carro pues tenía una importante reunión de directores, se iban al club a celebrar la fecha.
Una madre de familia me llega llorando, el marido la ultrajó, el niño se escapó de casa y nadie sabe de él, me tocará ir a la comisaría de familia, a mirar quién me ayuda a encontrar a José.
Llegó la jefe de calidad, una señorita con pinta de monja pero aprendiz de psicóloga, y me pasa un memorando, no he llenado las última rejillas, casi 200 hojas, me amenaza que estoy jugando con el puesto, me reclama que entonces qué estoy haciendo con el producto que voy a sacar a la sociedad.
Es entonces cuando me doy cuenta que ser profesor es cosa seria, me voy al escritorio convoco a los pelados, desenfundo de mi maleta un hermoso y usado libro, y a esos estudiantes curiosos les cuento nuevamente las historias que tanto les gusta, la biografía de Davinci, los cuentos de Cortázar y García Márquez, la vida de Luther King y algunas letras de canciones de Lennon y Marley, todos me reclaman que es necesario volver a leer a Verne, que necesitan saber quién es Nemo. Cerramos el libro y nos vamos a jugar al teatro, nos disfrazamos y ahora somos dioses del Olimpo.
La joven de calidad me ha reportado al director, el coordinador dice que soy perezoso y mis compañeros hablan que yo no enseño lecciones sino que la pasó bien con mis jóvenes, que pobre del profe que herede ese grupo.
Ser maestro es difícil.
Saldré y caminaré las peligrosas calles de ese barrio de gente desplazada, buscaré una esquina amiga con un cantinero viejo, el señor Rogelio, hablaremos de fútbol y compartiremos una cerveza, pero me queda sonando lo que en tono apocalíptico él me reclama: “bueno y usted que es profesor porque no enseñan a esos niños a comportarse, está generación está perdida”.
Yo lo miro, pienso, acabo mi refresco y le digo chao, tengo cita con el psiquiatra.
Mañana le cuento.

Makamoro.

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