viernes, 24 de septiembre de 2010

El blues del trans-formador

EL BLUES DEL TRANS-FORMADOR
AGÓNICA DEFENSA A LAS FACULTADES DE EDUCACIÓN







TONADA LUCTUOSA.

Al transitar las calles de cualquier ciudad de Colombia, en particular Cali, observamos horrorizados distintos actos que comprueban enfáticamente la falta de educación, observamos una convivencia primigenia que denuncia carencias en el desarrollo del pensamiento básico, el sentido común.

Al ver la prensa y sus noticias, la televisión y sus programas, noticieros, realities y ¿quiere usted ser millonarios? Corroboramos más aún que la Escuela tiene una deuda con la sociedad, que en algún paso de la formación del ciudadano colombiano algo esta fallando, algo no anda bien, algo que demuestra el malestar cultural de una sociedad que marcha alienada y sin sentido por la senda que demarcan la publicidad y el mercadeo. Nos portamos estúpidamente y por eso nos tratan como tal.

Ni qué decir de la política y de la economía, ni hablar de la violencia y nuestra democracia, ¿para qué meternos en líos en este apacible recinto que convoca a los soñadores más soñadores, a los aprendices de la pedagogía, esa curiosa palabra desterrada de los crisoles culturales?

Hagamos un blues melancólico y lúgubre para lamentar el trato que el Estado, la empresa privada, las ONGs, la iglesia y las cajas de compensación, entre otros, le da a los educadores, un blues del lamento por la arremetida de la certificación de la calidad que pretende controlar las ganancias y las pérdidas de esa jugosa empresa social que es la educación, que hace más ricos a los que ya los son y más pobres a los que siempre serán; un blues salpicado de inmediatez y facilidad, mezclado de trans, en el que le dediquemos a los formadores de formadores breves notas de esperanza para que no declinen en su empeño y estudien como en el Señor de los Anillos la manera de no perderse en la magia y la ilusión del poder, ese que impregna de dinero todo lo que toca y lo convierte en mercancía y producto, en residuo y basura todo lo que estandariza.

La primera estación de este son destemplado propone que la formación de los educadores se nutra de estética, la segunda estación más lenta y maja exige la ética, la tercera estación busca el componente de la ciencia en la complejidad y llega a un derrotero inesperado de algunas competencias básicas para hablar del civitas educado, del ciudadano feliz.


ESTACIÓN ESTÉTICA.

La formación de maestros implica una formación de la sensibilidad, no la de un mecánico, ni la de un burócrata; implica la sensibilidad de un ser que va a trabajar con otros seres, que va a ser cultivador del saber, que va a ser generador de convivencia, gestor de cultura, ciencia, espiritualidad; un creador de ambientes que promueva la singularidad y el desarrollo, un ser que exija humanidad, creatividad, lúdica, responsabilidad con el entorno, un MAESTRO que encante con el saber, que ame la vida, que construya y reconstruya el conocimiento.

Las facultades de educación deben romper la cadena de la pedantería de las disciplinas, de sus columnas verticales de egolatría y comenzar a hacer una epistemología integradora, transversal y creadora de maneras diferentes de concebir la ciencia, el arte y la tecnología.

Ejes problémicos que pongan en contexto lo que se hace en la realidad y darle función social a lo que se aprende en la escuela. Pero esto no se hace desde aburridas cátedras de reproducción y repetición, se hacen desde propuesta seductoras que afecten los sentidos, que pongan a jugar a la gente, que enseñen la alegría de aprender a aprender, que encausen el asombro y que hagan la estancia por la formación un verdadero acto educativo y regenerativo del espíritu.

La dimensión estética es muchas veces la alternativa de alcanzar el corazón de los estudiantes, es la posibilidad de integrar a lo formativo el sentido y el fondo de propuestas teóricas complejas que exigen que el individuo utilice su cerebro divergente, su lógica alternativa, su capacidad de abstracción holística.

Formar maestros en el componente estético nos garantiza unos verdaderos creadores de ambientes para el aprendizaje.


ESTACIÓN ÉTICA.

Maestros formados en la ética, alcanzando la capacidad de concebir el acto educador como un acto político, de servicio público, de desarrollo humano, de alcance cósmico.

Éticos para comprender los saberes y colocarlos al servicio de lo humano, éticos para asumirse como transformadores de la cultura, creadores de perfiles que incidan positivamente en el mundo, éticos para hacer ciudadanía, para insistir una y otra vez en la dignidad humana, en la protección de los derechos humanos, comprometidos en la defensa de la vida, formadores de seres humanos comprometidos con la paz, la democracia y la libertad.

En el país de la corrupción y la violencia es una emergencia formar maestros éticos, que tengan el valor civil de denunciar la injusticia, el robo, la inequidad y que desde los pretextos de sus disciplinas funden un pensamiento en donde el sentido de lo común sea el principal sentido en todas las acciones.

La ética ciudadana, la ética de la verdad, la ética de la bondad, la ética de la belleza en circunstancias donde siempre pierde el débil, el pobre, el desvalido, necesidad urgente de una ética que proteja a los desfavorecidos de un sistema fundado para la explotación del hombre por el hombre.

Un maestro formado en una ética de la liberación.


ESTACIÓN BIO-PEDAGÓGICA.

El siglo de la ciencia y la tecnología donde la humanidad muestra su alta capacidad de producir y transformar, requerimos por lo tanto maestros responsables con el desarrollo de la ciencia y la tecnología puestas al servicio de la humanidad, la protección de la vida y la cualificación del modus vivendi.

Maestros encantadores con la estudiosidad y la investigación, maestros que puedan mostrar el asombro y alebrestar la curiosidad en el conocimiento, que en vez de aburrir y ahuyentar acojan, encausen los espíritus jóvenes en el placer de aprender, inventar, descubrir, maestros que muestren el valor de la cultura.

Los retos de la depredación del planeta, la escasez de fuentes de energía, el riesgo de perder el agua potable, la sobrepoblación, el sobrecalentamiento y el cambio del clima, la protección de las selvas húmedas y los mares, deberán asumirse desde un escuela que piense el conocimiento en contextos específicos, el peligro de la estandarización nos haría pensar que la diversidad es una falacia siendo nuestro principal valor.

La ciencia y la tecnología no pueden seguir siendo instrumento de opresión y explotación sino deben ser las herramientas más importantes del mejoramiento de las condiciones de vida, deben atender las hambrunas, las enfermedades exóticas y la destrucción paulatina del planeta.

Por lo tanto esa formación de formadores tendrá que tener muy claro el concepto de ciudadanía mundial, de pensadores globales pero actores locales y que mejor que un maestro que guíe y oriente el mejoramiento de las condiciones planetarias para la vida.

Le apostamos a la formación en pedagogía, creemos que un maestro sin el concepto general de formación humana no podrá llegar a la sociedad e impartir un saber, el maestro pedagogo será aquel que integre lo estético, lo ético, lo político y lo cívico para propiciar una mejor humanidad, un mejor país, una ciudad distinta.

El trabajo es amplio y duro y es bueno que comencemos ya.

Un blues, tonada lacónica y espiritual para los formadores de la esperanza en una sociedad que desprecia a sus maestros, que pretende acabar con las facultades de educación y que no reconoce en sus docentes y en la escuela a los gestores más importantes de cultura.

Invitamos a cada uno de los presentes a la reflexión directa y oportuna sobre cómo concebir ideas protectoras del pensamiento humano, no todo puede ser mercancía y publicidad, hay que hacer sociedad, hay que hacer Estado, hay que reconstruir tejidos culturales y sociales que permitan el avance y el crecimiento de las personas.

No podemos dejar que las facultades de educación perezcan en el neoliberalismo, no podemos permitir que se siga diciendo que maestro es cualquier persona, no podemos seguir perpetuando las ideas fascistas excluyentes y autoritarias que piden una estandarización de la vida en la pobreza y el sometimiento.

Debemos gestar maestros nuevos para una nueva sociedad.


Lic. Manuel Camilo Morales Rojas.
Docente de pedagogía.




NOTA: Se debe ir escuchando el blues “se va el tren” de Charly García.

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