domingo, 23 de agosto de 2009

Pedagogía existencial


PEDAGOGÍA PARA QUIJOTES
O CÓMO ES QUE EL MAESTRO CAMBIA LA CULTURA

“Yo muero, en fin;
y porque nunca esperé buen suceso en la muerte ni en la vida,
pertinaz estaré en mi fantasía”.

Grosóstomo.

Ciertamente es que aún quedan Quijotes en el mundo, Damas y Caballeros andantes que asumen su ingenio para no dejar que la realidad consuma la conciencia y la sensibilidad persita en sus alertas ante la ignominia.
Quizá todas esas molestias sociales sean producto de febriles mentes obsesivas con el Apocalipsis, tal vez no esté pasando nada, los conflictos sólo sean molinos de viento que como espejismos alteran la mente y el mundo sea feliz y tranquilo.
Tal vez no hay de qué preocuparse, la juventud siempre ha sido así, la injusticia no es como la pintan los tremendistas, la pobreza es necesaria y esa tan mentada violencia sólo ocurre en lugares sórdidos y de arrabal.
No hay por qué preocuparse por cambiar instituciones o estamentos si todos hacen más de lo que pueden, la burocracia no ahoga, la corrupción es obvia, los conocimientos repetidos sirven para adormilar mentes y la familia, en sus múltiples preguntas, es lógico que se extravíe en los océanos del consumismo y la irresponsabilidad, al fin y al cabo es la época más libertaria de la historia.
Pero por ahí andan unas locas y unos locos convencidos de que la vida puede ser distinta, que todas esas mentiritas de los centros comerciales no son ciertas, que la pobreza no es un orden y puede ser comprendida y atacada, que la naturaleza puede ser salvada de la voraz depredación de las industrias del capital, que la verdad, la bondad y la belleza sí se pueden cultivar en el espíritu humano, que los niños sí contienen la pureza humana y que en la juventud está la acción, la movilidad y el cambio.
Quijotes desarrapados y no más sanchos que se preguntan por las dificultades que atraviesa una sociedad inequitativa, paladines heroicos que piensan la cultura, que utilizan la ciencia, el arte, la tecnología, los saberes y los oficios para procurar el desarrollo humano en calidad y para a calidad, procurando una sociedad armónica que no padezca la injusticia del orden económico imperante.
Los Quijotes de la docencia que hacen innovación en su aula, que con su discurso transforman visiones, que con sus practicas dan testimonio de indagación, de sensibilidad humana, que en su esfuerzo diario le hacen honor a la disposición al servicio, que saben del niño, que interrogan al joven, que hacen de su ciencia, su arte o su técnica un pretexto para dialogar y en ese mismo diálogo mejoran la condición humana proponiendo y desarrollando felicidad, sentido existencial para cultivar trascendencia, para sembrar esperanza, para cultivar principios y valores en pro de la vida.
La maestra y el maestro cambian la cultura cuando en el centro de la reflexión pedagógica colocan al Ser y expone en escenarios inteligentes y sensibles sus didácticas para transformar y movilizar el pensamiento, el sentimiento y la acción de aquellas generaciones que van igualmente construyendo y van siendo a su vez cultura.
Son transformadores en la medida en que ellos también cambian.
Por ahí rondan algunos, piensan rumbos para cualificar el discurso y facilitar el aprendizaje, otros que saben y no les da miedo jugar y utilizar la maravilla del arte para fortalecer el lenguaje, leyendo y escribiendo la fantasía, otros que madrugan para volverlos deportistas de alto nivel, responsables y disciplinados, algunos que a diario sufren con los dolores de los niños y los disparates de los padres, otros que se los llevan a lugares lindos para conversar con Dios y la naturaleza, la mayoría que sienten que hay algo más qué decirle a los niños y los jóvenes propiciando, desde la modestia de sus posibilidades, siempre con humildad que todos ellos puedan ser mejores personas.
Ellos, nuestros Maestras y Maestros, son unos Quijotes utópicos y soñadores, lo más propio y valioso de una sociedad que aún autorregula, la función social más necesaria en tiempos de desorientación, educadores, formadores, soñadores, obreros y artesanos de la intelectualidad, nuestros maestros campeones en la capacidad de soñar.

Makamoro

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