sábado, 9 de mayo de 2009

AntiClases


PENSANDO EN MIS ANTICLASES

He salido varias veces, luego de reuniones con colegas y jefes, con ansias profundas de arrojarme al río y romper mi cabeza en su lecho seco.
Salgo así con ese fatal deseo pues mi gremio me arrebata la esperanza y sabotea mis delirios creativos. No lo logran todavía en definitiva.
Abunda, se ha puesto de moda una obsesión extrema por el éxito y la calidad, cuando se refieren a los estudiantes los miden desde allí, el primer comentario repetido hasta el cansancio es: “los estudiantes no saben escribir”; el segundo es, “estos estudiantes están perdidos, no saben ni dónde están parados”.
Y así van lanzando juicios sin mencionar jamás qué han hecho o qué piensan hacer en el aula para derrotar al “enemigo”.
Llevo algún tiempo haciendo clases en diferentes establecimientos y niveles; confieso además que he jugado más fútbol y montado más bicicleta que el tiempo que realmente llevo haciendo mi profesión, esto por causa de que tuve una niñez y juventud prolongadamente feliz; fue más tarde y no hace tanto, que perdí mi virginidad laboral y ando en esto, haciendo anti clases.
He hecho clases con magos y títeres, con danzas y monólogos, con mimos y maquetas, con oleos y misivas nostálgicas, he tenido clases en el parque de las garzas y a orillas del río Pance, las que más he disfruta son aquellas que logré alrededor de un ponqué de fiesta y unos vinitos clandestinos.
Pero de repente llegan mis histéricos colegas relatando sus cruzadas por el bien y entonces hacen crónica de lo mal que están los parciales del periodo, de la falta de compromiso en las exposiciones de cada semana, de lo mal que leen las fotocopias dejadas hace un mes y criticando a esos colegas que no exigen y se la pasan jugando y haciendo “pendejaditas” con los estudiantes. ¡¡¡Upsss!!!
Pero los contrastes son contradictorios, algunos estudiantes que los padecen son felices porque… “ese profesor sí que exige” y otros ni siquiera captan el problema pues es mejor navegar en la corriente que contra ella, así podremos seguir reproduciendo el sistema por el resto de los siglos, no hay nada qué cambiar.
Me encontré una docente haciendo cuatro previas semanales a niños de segundo grado; a otra docente haciendo pruebas “tipo icfes” a niños de primer grado, muy importantes porque eran de selección múltiple. (Y así están en los textos escolares).
Y a serios e importantes docentes de universidad sin la más mínima didáctica hablando sobre modelos pedagógicos y calidad educativa con sendos parciales de preguntas tipo “Ecaes”.
Por eso no es extraño que los estudiantes de último semestre de nuestras licenciaturas que preparan sus trabajos de grado se dediquen a las disciplinas y los saberes fuerte e intensamente y dejen para lo último el componente pedagógico, porque como me dijo un primate prójimo con pretensión de filósofo: “lo pedagógico es cualquier cartilla, es una implementación y eso se hace breve y fácil, lo importante es que yo demuestre que sé filosofía”.
Ese día trate de tirarme al río pero prefiero ahogarme que romperme la cabeza, ya ese río agua no tiene.

Manuel Camilo Morales Rojas.



1 comentario:

  1. Camilo, esta reflexión está también perfecta para mi ambiente de universidad...
    Es verdad que mis colegas compiten para ver quién raja más al estudiante, y la queja de siempre es que no sirven, no saben y son como brutos... tal vez porque no piensan ni hacen como nosotros.
    Hay que recuperar ese sentido del otro como otro válido y olvidar las jerarquías profesor - alumno que llevan a prácticas muy absurdas...

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