domingo, 7 de septiembre de 2014

BARRAS BRAVAS


BARRAS BRAVAS
¿POR QUÉ LO ESTÁN?

“…Vi que el Estado era de pocas luces y que no era capaz de distinguir amigo de enemigo, de manera que le perdí el resto del respeto que aún me quedaba y le compadecí”.
Henry Thoreau.

Se acentúo el crimen en la calles con un curioso argumento que llama la atención por su estupidez insondable: “se matará a todo aquel que tenga una camiseta del color de un equipo de futbol contrario al mío, mataremos con puñal o con piedra, si el trapo es distinto su dueño será eliminado”.

Los medio de información y “taración” de masas se han centrado en las “barras bravas”, han citado a los líderes de cada pandilla, consultan psicólogos, sociólogos, a algunos violentologos y hasta curas que redimen desde la tribuna; llegan a conclusiones frías y efímeras, que el desempleo, que la droga, que la edad, que la familia, en fin, cualquier fenómeno socio económico arrojará argumentos y terminará justificando la aberración grotesca de matar al contrario, así es la calle, así es la vida.

Ante mi aparece en el escenario un gran país inundado de “barras bravas”, los principales actores y los más peligrosos gobiernan, tenemos tres o cuatro familias de la oligarquía (Lleras, Pastranas, Uribes, Santos…) más detestable heredada, que se reparte el poder político generacionalmente, que han vendido al país, que lo han corrompido, que lo han  feriado descaradamente y que con su enorme poder económico fruto del saqueo y la explotación controlan a las malas o a las buenas el resto de poderes, negando ante todo y como siempre la diferencia y el pensamiento diverso.

En el congreso nacional y los concejos regionales sí que hay “barras bravas”, una inmensa cantidad de políticos que ejercen la más descarada corrupción, robando politiqueando, mintiendo sobre las bases de la razón del ser del Estado, el bien común; han asaltado la educación, la salud, el costo de la vida, el territorio nacional, los impuestos, la vivienda…, bajo el espíritu fundamental del capitalismo salvaje que es la sistemática privatización de ese bien común que la constitución les concede para ser administrado, los bancos y los políticos son una asociación “barra brava” que muestran el alto grado de descomposición social que tenemos a la orden del día.

“Barras bravas” en el ejército y la policía, ya nos vamos encontrando casi a diario un atropello institucional, con armas y uniformes encubiertos y abogando  sádicas leyes que justifican el asalto, el robo, el atropello, el gas pimienta, el choque eléctrico, el esmad entrando a las casas, los falsos positivos, la desaparición forzada, la criminalización de la protesta social, matando grafiteros o profesores, dando bolillo a campesinos o indígenas; ya al ver un policía o un soldado cerca es para congelarse del miedo, ¡vaya “barra tan brava”!

“Barras bravas” en los medios de comunicación con micrófonos y periódicos haciendo defensa a ultranza de seguridades democráticas, agenciando el machismo (aquí se hace lo que yo digo, si lo veo le pego en la cara marica…), impulsando la desigualdad social, desdibujando la realidad decorándola con falsedades, vía y autopista de la sociedad de consumo que consume las conciencias y los cuerpos, demarcando estereotipos de vida destructores de la justicia, la diversidad  y la equidad, del respeto y la tolerancia. Ese es el poder de la información.

“Barras bravas” en la televisión con los noticieros más mentirosos y amarillistas que existen, con las novelas que hacen apología al bandido, al corrupto, al patrón y que muestran su racismo, su machismo, su homofobia, su concepción del mundo miope y tendenciosa que engaña y castra la inteligencia.

“Barras bravas” en la educación con docentes anticuados profundamente mediocres, con sistemas evaluativos verdugos que excluyen y maltratan, con planes de estudios que embrutecen y mantienen a los jóvenes perdidos en las nebulosas de la moda, del consumismo, del mercadeo, en la escuela todo se vende y todo se compra; navegando en el ilusionismo tecnológico, desorientados en la redes y sin ideales de vida. En el sistema escolar colombiano podemos ver todas las inequidades sociales.

“Barras bravas” en las iglesias, convertidas en empresa con ánimo de lucro gestoras de todo “el opio del pueblo” para mantener a la gente cretina y arrodillada; igual en los partidos políticos, en las eternas y absurdas guerrillas que traicionaron todos los ideales y principios de alguna revolución posible. “barras bravas” violentas y sanguinarias capaces de esclavizar pueblos enteros.

Esas “barras bravas” de los estadios son lo más elementales e inocuas, quizá dañen los carros de los ricos y rompan las vitrinas de los almacenes pero son simplemente una leve expresión de una sociedad y de un país enmarihuanado, “sacolizado”, que aprendió a vivir en una patria boba fundada en la violencia, la pobreza y la injusticia, de una cómplice ciudadanía que tiene doble moral, de una sociedad que es capaz de nombrar dos veces presidente a un paramilitar, el más bravo de todos, peligroso como nadie; el país que tiene como procurador  a un neonazi, de un país que ha padecido el secuestro como empresa, que ha visto las masacres más violentas, bombardeos, fumigaciones, el consuetudinario robo de tierras, el abandono del campo y de los campesinos para el negocio particular de los políticos que han traído TLC para hacer más ricos a los ricos y más pobres a los pobres; el exterminio y desconocimiento de las poblaciones indígenas y negras, la depredación de selvas, la contaminación de los ríos y el descuido de los mares. ¡Qué país tan bravo!

Nuestros niños y jóvenes son hoy lo que han aprendido del currículo oculto que manejamos en la cotidianidad, han aprendido a ser intolerantes, vacíos de sentido existencial, criminales en potencia porque eso es lo que paga, si la empresa más próspera del país es el ejército nacional no nos extrañemos que el ideal de vida sea matar o imponernos a los otros por la fuerza.

Educamos para la guerra, para crear injusticia, para la insana competencia en medio de las condiciones más oprobiosas de salud, desnutrición, desplazamiento forzado e inequidad social. La escuela no está respondiendo pues el guión dado por un sistema que justifica la violencia no cabe en los ideales de la verdad, la bondad y la belleza; la familia tampoco responde, es de allí de donde sale el pandillero, es allí donde se gesta la cultura del maltrato, es allí donde ocurre el abandono y el desamor, es allí donde el machismo se ha impuesto, la institución familiar anda refundida en los espejismos del capitalismo.

El futbol nos refleja, iremos a un nuevo mundial, apoyados por una filosofía ambigua del nacionalismo y patriotismo alcohólico, engañados en un sofisma que nos hace creer y pensar que los triunfos de Falcao son nuestros, no aspiramos a más, no soñamos con otra meta, eso somos como nación y por eso quizá en algún momento y en alguna coyuntura tendremos que de verdad embravecernos, emputarnos, para que las “barras bravas” dejen de gobernar.


Manuel Camilo Morales Rojas.













viernes, 16 de mayo de 2014

PENSANDO LOS MAESTROS

I

En la ciudad violenta, en el mercado de almas, en la locura de los precios.
No es sencillo educar hoy ante tantas razones de indignación, ante la pobreza extrema, ante los abundantes guerreros, ante el abandono del amor.
Ser hoy Maestro implica llevar una luz de esperanza, es posible que una sociedad distinta se pueda concebir. tarea del educador.
Ser Maestro culto y sabio, amante de artes y ciencias, gestor de conciencias libres, rebeldes, inquietas.
Ser Maestro en la protesta que exige la protección del agua, de los árboles, de los páramos, de cada ave.
Ser Maestro en el acompañamiento de bonitos proyectos de vida que busquen la justicia, la verdad y la belleza.
Educador de hoy en ciberespacios y en bibliotecas virtuales, en el mundo de la información y en franca competencia con la televisión; educador de hoy de niños pandilleros, de infantiles y prematuras madres, de todos esos seres que han conocido antes el odio que la bondad.
Educar hoy, ser Maestro, un ejercicio de utopía total de ilusión y de esperanza, de sueños e ideales, transitando por las más duras realidades.
Ser Maestro una locura de opción, fundar humanidad en medio de la alienación.
Ser Maestro para educador y una nueva manera de y pensar, dedicación a creer en la evolución.

II

La urgente reivindicación de la palabra, la pedagogía es un discurso que educa, es una acción semántica, llena de signíficados que permite que el otro abra los sentidos, ejerza el pensamiento, construya y transforme realidades.
Los docentes tenemos varios retos pedagógicos, el primero sentirse y reconocerse como PEDAGOGOS.
Hacer  pedagogía es saber  del sujeto que aprende, cómo aprende, para qué aprende, qué aprende.
Hacer pedagogía requiere de un generosos espíritu humanista, un ser que proponga expansión de la inteligencia.
El pedagogo de hoy comprenderá claramente que existe una situación ambiental delicada donde el modelo de vida humana pone en riesgo la existencia de la especie en el planeta.
El pedagogo de hoy debe saber que su acción educadora es pacifista, de un alto espíritu crítico frente a una sociedad guerrera, competitiva, egoísta, extremadamente agresiva.
Su pacifismo es activo, cuestionante, indagador, propone un mundo más humano, justo, abandera la libertad, busca y propone que todos los seres  participen en su destino común.
El reto pedagógico de ahora es cuidar los niños, otorgarles el sentido de dignidad, ofrecerles la ternura, propiciarles la felicidad no la del consumo de cosas, sí el del amor y el respeto a la vida.
Los profesores son ese eslabón crucial para gestar una verdadera revolución humana.

Makamoro



jueves, 10 de abril de 2014

Mal en educación

¿DE VERDAD ESTÁ TAN MAL LA EDUCACIÓN EN COLOMBIA?


Por: Manuel Camilo Morales R.

Las pruebas PISA nos han dejado en evidencia que ni la enseñanza ni el aprendizaje de las matemáticas y del lenguaje son exitosas experiencias académicas en nuestra patria.
Culpan a los docentes, culpan a la tecnología, culpan a la familia pero quizá el lío esté en la evaluación misma, una evaluación elaborada para certificar o no los niveles de inversión en un tipo de educación que solo le sirve al aparato económico, no a la realidad de un país que a diario se hunde en la pobreza, la violencia y la inequidad.
Claro que la educación va mal, los feminicidios son pan de cada día, la mujer es atacada en la calle, el hogar, los buses, la escuela.
Claro que la educación va mal,  a diario se talan  miles de hectáreas de bosques, se contaminan los principales ríos de las ciudades, se maltratan y asesinan especies animales indiscriminadamente.
Llevamos una guerra “discreta” hace más de cien años donde una clase política dominante ha arrasado con la nación y hoy en medio de la más alta corrupción siguen gobernando con mano dura y sin corazón.
Niños en la calle, miles de desplazados, no hay empleo, la salud es un fiasco, las  bandas criminales se adueñan de las urbes y los jóvenes se matan  en las orillas de las fronteras imaginarias de los barrios.
Sí, la educación en Colombia va muy mal, nos olvidamos de la vida, abandonamos la responsabilidad comunitaria, sometimos la libertad a la economía y arreglamos nuestros conflictos con violencia.
Queda entonces por pensar que quizá la escuela debe cambiar, que los docentes deben ser pedagogos, que el mundo es más que producción y mercado, es hora de soñar con una educación humanizante, ecológica y de clara opción axiológica, ni el inglés ni la tecnología, ni las matemáticas, ni la literatura calificada por ignorantes nos van a llevar por allí. Es hora de pensar distinto, hago entonces la invitación para atreverse a hacerlo, nos urge una pedagogía existencial
Facultades de educación, normales,  experiencias didácticas que nos lleven a confrontar un sistema que está basado en la violencia, la competencia y el utilitarismo y nos conduzcan a reflexionar y a obrar por un mundo donde el objeto de la formación sea en realidad el bien ser y el bienestar en armonía con el cosmos.


Marzo/2014.



Semana de receso


viernes, 31 de enero de 2014

PEDAGOPOIESIS

 
Cultivar en la mente los deseos de crear, propiciar en los humanos una nueva gestación de humanidad. El transito diario por las aulas permite ir descubriendo que enseñar y aprender es también posible en la acción creativa, en la observación detenida del mundo, en la escritura de signíficados, buscar que el estudiante encuentre el sentido del mundo.
 
Reflexiono serenamente sobre los aciertos y los fracasos de la humanidad, guerras y deforestación le dan un duro golpe al optimismo, me prendo de arquitectos, de científicos y de muchos artistas, se abre de repente una grata luz que me informa que es posible  formar mentalidades distintas nada cercanas a los guerreros, sin fronteras con los magos y los chamanes.
 
Viene hacia mi una confianza intensa, se abre el mundo de la educación y me resulta interesante observar que allí puede haber una alternativa, una posibilidad profunda de saber que una instancia social puede aportarle a una nueva expresión de la inteligencia.
 
Es el tiempo de distintos actos educativos que propongan escenarios de acción creativa no más repetición de lecciones, adiós  los parciales y las torturas verdugas, fin al control de clase, viene la alternativa de proponer construcciones de pensamiento donde la ciencia sea el experimento, el arte se haga en el taller, la tecnología viva en el ingenio y la recursividad.
 
Hacer pedagogía es armar con criterio los espacios para aprender, es conversar y encontrarse en el conocimiento con los actores que asisten al lugar de la enseñanza.
 
Hacer poiesis es ejercitar la creación, es pensar con propósito, es sentir que por un lado el conocimiento nos aporta para crecer en humanidad y que ese crecimiento puede ser bondadoso y bello.
 
Hacer pedagopoiesis es educar sin castigar, es conquistar espacios nuevos es ir al taller, al laboratorio o a la montaña a descubrir no lo que está afuera en el mundo sino lo que hay adentro en la sensibilidad propia.
 
Pedagopoiesis, el docente creador, el estudiante creativo, el conocimiento encantado de asombro e incertidumbre, acción y efecto de una escuela revolucionaria que haga partícipes a los humanos de su propio crecimiento ético y estético.
 
Pedagopoiesis para desarrollar sensaciones y pensamientos, para comprender la ciencia, para asumir a estética, para construir técnicas y estrategias que mejoren el mundo, que cuiden la vida, que permita superar brechas entre el pensar y el actuar.
 
Una escuela distinta, con un horizonte diferente al de amansar y rutinizar, una nueva institución pedago-poietica que exalte el mérito de crear, que proponga la sensibilidad, que utilice la curiosidad, que haga del asombro el encanto de aprender.
 
Pedagopieticos docentes que les guste la transformación del mundo, amen la belleza, confíen en la ciencia y se encanten en el aula con el espíritu sagrado de la naturaleza.
 
 
Makamoro.
 
 
 
 

Para los docentes...


Danza Pedagógica

 
Un apesadumbrado docente se dolía con angustia y algo de enojo porque una estudiante irritada y desconsolada le gritaba en la cara que él era muy exigente, que cómo existiendo otros profesores más laxos él exigía y exigía.
 
El docente contó su anécdota a los cuatro vientos recibiendo adulaciones y voces cómplices que aplaudían su rigor y militante autoridad que despreciaba mediocres y flojos estudiantes.
 
Me quedé pensando en medio de un recreo largo, y de alguna manera me sentí aludido, envuelto en la mirada arrasadora de todos esos buenos docentes exigentes, me sentí controvertido, me cayó el guante.
 
Yo no soy un docente exigente, mis requerimientos en clase son distintos, necesito algunas herramientas de la didáctica, unos estudiantes con caras sonrientes y en el discurso un poco de ritmo y armonía.
 
He pensado que esto de la docencia tiene mucho que ver con el baile en pareja, se trata de saber coger el paso, caer en la nota, sacudir el cuerpo coordinadamente con la música y con el otro.
 
Para bailar no se necesita fuerza, ni imponer al otro el paso, se trata de llevar en conjunto lo que la música y su ritmo proponen; la música es el conocimiento, hay unos ritmos suaves y ensoñadores, hay otros arrebatados y densos.
 
Hay estudiantes que cogen el paso rápido y con claridad, hay otros en cambio que les cuesta más o porque  su habilidad requiere de  más ejercicio o porque el conocimiento es pesado o enredado; a veces el asunto no tiene que ver con la música, es el parejo, ese docente que no sabe muy bien caer en la nota o piensa que sabe mucho y cree que es imposible que el otro lo haga.
 
Yo quiero en mi aula una danza de ideas, quiero que aprender sea una fiesta, quiero que la música que propongo sea inspiración para que el estudiante proponga la suya.
 
Los docentes viven atormentados y les gusta atormentar con su música estridente pues pareciera que  que no quiere que los estudiantes amen el conocimiento, quieren imponerlo, quieren que se dé de inmediato, quieren calificarlo, piensan que en vez de ser una fiesta  divertida es un concurso para los mejores; esos maestros, a veces grandes bailarines, le hacen mucho daño al aprendizaje y a la enseñanza, educan el miedo, buscan el enojo.
 
La no exigencia, la no directividad no tiene nada que ver con la decisión responsable de construir en el otro, yo no soy dictador de lecciones, yo no soy reproductor de textos, soy quien invita, soy quien propone y eso me ha exigido aprender más, buscar nuevos ritmos, distintas versiones, mejorar mis habilidades, al no ser exigente no soy irresponsable, soy antiautoritario, me gusta conciliar y orientar, así concibo el acto pedagógico.
 
Me detuve a ver la niña desconsolada que pedía menos exigencia, miré al colega indignado "con la falta de unidad de criterios" entre los profes, entonces me fuí dando cuenta que esa no era mi fiesta, que seguiría mejor y más cómodo con mis estudiantes, esos que han sabido coger el paso, esos que me han hecho aprender nuevos ritmos,  y entendí que junto a ellos hemos hecho una verdadera fiesta del aprender, nos  gozamos el conocimiento.  Hay algunos de ellos que bailan rico y sabroso, hay otros que lo están intentando.
 
La evaluación, cierto se me olvidaba, esa la da la vida, gente feliz hará más gente feliz, los felices harán mejor su trabajo, los felices serán mejores parejas, mejores padres, mejores hijos, distintos a ese que sufre a diario porque vive en una competencia  perpetua.
 
Lo que debería comprender el profesor riguroso es que no todos los estudiantes irán a su ritmo, que el ritmo no se impone, se construye; lo que debe entender la estudiante es que entre más y mejores ritmos aprenda mejor danzarina será, si quiere ser danzarina, en tal caso que no permanecerá sentada durante toda la fiesta, será una espectadora.
 
Lo que debo aprender yo es a no dejarme afectar por las fiestas aburridas del regaño y la nota; no importa que me comparen mi estilo de bailar, lo importante es que los invitados disfruten del momento de aprender.
 
Makamoro.